Vida con un Perrito adoptado
- Andrea Echanove

- 7 may 2025
- 3 min de lectura
Actualizado: 3 jul 2025

¡Hola a todos! Si estás pensando en abrirle las puertas de tu hogar y de tu corazón a un peludito, ¡qué emoción! Es una de las decisiones más maravillosas que he tomado. Ver a Hera, correr por el jardín o acurrucarse a mi lado es una fuente inagotable de alegría. Pero, como en casi todo en la vida, hay otra cara que a veces no se cuenta, y hoy quiero compartirla contigo desde nuestra experiencia.
Hera llegó a nuestra vida en marzo de 2021. Su historia, como la de muchos otros perritos rescatados, es dura: fue encontrada junto a su hermanita (que tristemente no sobrevivió) en una bolsa de basura al costado de una carretera cerca de Toluca. Apenas tenían 15 días de nacidas. Imaginar por lo que pasaron esas pequeñas indefensas te rompe el corazón, pero también te llena de una profunda admiración por su espíritu de lucha y por la increíble capacidad de amar que tienen.
Antes de que Hera llegara a nuestra vida, me imaginaba paseos soleados, juegos en el parque y mucho amor incondicional. Y sí, todo eso es real y lo atesoro profundamente. Pero también hay madrugadas inesperadas por una pesadilla revoltosa (a veces, creo que esos fantasmas del pasado aún se manifiestan), y una dedicación de tiempo y energía que va mucho más allá de lo que imaginaba.
Criar a un perrito adoptado, especialmente uno con un pasado como el de Hera, requiere paciencia infinita. Hay aprendizajes que toman tiempo, tanto para ellos como para nosotros. Entender sus señales, sus posibles miedos (quizás recuerdos de abandono o inseguridad), sus necesidades específicas... todo eso es un proceso de conocimiento mutuo que exige empatía, mucha calma y sobre todo, mucho amor sanador.
A veces, esos momentos de "travesura" (como calcetines que aparecen en el jardín u hoyos sospechosos en el jardín) pueden sentirse más grandes de lo que son, especialmente si en el pasado has lidiado con situaciones que te han hecho sentir fuera de control. Pero es crucial recordar que no lo hacen por maldad, sino por exploración, ansiedad o simplemente ¡porque son cachorros! Y en el caso de un perrito rescatado, esa "travesura" a veces puede ser una manifestación de una ansiedad más profunda que necesita comprensión y paciencia.
Lo que he aprendido en este tiempo con Hera es que la conexión que se forma con un perrito rescatado es única y profundamente sanadora. Su amor incondicional, esa mirada agradecida que te dice "gracias por darme una segunda oportunidad", es un bálsamo para muchas heridas, tanto para las suyas como para las mías. Pero también he aprendido que para poder ofrecerles lo mejor de nosotros, necesitamos ser honestos con nosotros mismos sobre nuestras propias limitaciones y necesidades, y ser especialmente sensibles a su historia.
Si estás considerando adoptar, infórmate mucho sobre la raza o el tipo de perro que estás eligiendo, sus necesidades de ejercicio, socialización y cuidados. Pero si estás considerando un perro de refugio, prepárate para abrir tu corazón de una manera aún más profunda. Pregunta a los refugios sobre su temperamento, su historia (si la conocen) y estate preparado para ofrecer un hogar lleno de paciencia y amor incondicional, especialmente si han tenido un comienzo difícil en la vida como mi valiente Hera.
Porque al final del día, tener un perrito es una responsabilidad hermosa pero real. Y ser conscientes de todo lo que implica, incluyendo nuestras propias "mochilas" y la posible historia de nuestro futuro compañero, nos permitirá construir una relación mucho más fuerte y significativa con ese ser que pronto se convertirá en un miembro más de nuestra familia, una verdadera guerrera como Hera.
¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Tienes alguna historia de adopción que quieras compartir? ¡Me encantaría leer tus comentarios!



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